El lápiz del carpintero

12 01 2017
El lápiz del carpintero

El lápiz del carpintero

Sinopsis

En la cárcel de Santiago de Compostela, en plena Guerra Civil, un pintor dibuja el Pórtico de la Gloria con un lápiz de carpintero, reflejando los rostros… y aún más, la desesperación de sus compañeros de presidio. Un guardián su futuro asesino., lo observa todo. A partir de esta escena, el Lápiz de Manuel Rivas hilvana una historia donde el amor logra vencer a la desesperación.

Título: El lápiz del carpintero

Autor: Manuel Rivas

Club del jueves.

Entrega: 12 de enero

Devolución: 31 de enero





Los libros arden mal

9 12 2014
Los libros arden mal

Los libros arden mal

Título: Los libros arden mal
Autor: Manuel Rivas

Club del Martes
Entrega: 9 de diciembre, 2014
Devolución: 13 de enero, 2015

Club del Miércoles
Entrega: 29 de abril, 2015
Devolución: 27 de mayo, 2015

Sinopsis: Los libros arden mal, la novela más ambiciosa de Manuel Rivas, tiene como principal escenario La Coruña, un puerto desde donde van y vienen gentes de todas las culturas e ideologías, con las que el autor arma una verdadera novela de novelas. Las historias y vidas de distintos personajes se entrecruzan a lo largo de más de u n siglo hasta nuestros días. Un hilo de suspense recorre a modo de thriller todo el libro, que arranca con el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 contra la República y nos lleva a otras ciudades como París, Londres o La Habana…





El lápiz del carpintero

1 10 2009
El lápiz del carpintero

El lápiz del carpintero

Título: El lápiz del carpintero
Autor: Manuel Rivas

Entrega: 30 de octubre, 2007
Devolución: 20 de noviembre, 2007

Guía de lectura (PDF) elaborada por la Biblioteca

Comentario de Margarita Ramírez Montesinos (Club del Martes): El lápiz del carpintero que pasa de la víctima al verdugo, es decir, de las manos del pintor a Herbal, el guardia que lo asesinó de un tiro certero, es un monumento a la memoria histórica. Este lápiz constituye el hilo conductor de esta novela. Había pertenecido a Antonio Vidal, carpintero huelguista, con él escribía notas para el Corsario, luego se lo había regalado a Pepe Villaverde, un carpintero de ribera libertario  y humanista : “se vive como comunista si se ama y en proporción a cuánto se ama”, así empezaba sus discursos obreros hablando de amor; a su vez, se lo regaló a su amigo sindicalista y carpintero Marcial Villamar, y, antes que lo matasen los paseadores, éste se lo regaló al pintor “al ver que intentaba dibujar el Pórtico de la Gloria con un trozo de teja”. Cuando Herbal le disparó sin hacerlo sufrir porque lo respetaba, se lo colgó de la oreja sobre el que a veces cabalgaba el difunto pintor. Y sólo esas veces se le despertaban al carcelero buenos sentimientos y, en especial, el dolor fantasma, “un dolor que llega a ser insoportable, se lo explicó da Barca al pintor; es la memoria del dolor”. El lápiz, tras pasar de mano en mano por hombres, que constituían la llama de la revolución, reivindicadores de una justicia social, fue a convertirse, encajado en la oreja del guardián de la prisión en una especie de conciencia. Hasta que, finalmente, Herbal “viendo llegar la Muerte con sus zapatos blancos”, y por consejo del pintor se lo regaló a Maria da Visitaçao, la que atenta y compasivamente escuchaba desgranar de su labios  este relato, la alternante sin  papeles, que trabajaba en el burdel de Fronteira regentado por Manila y donde el ex carcelero trabajaba en su puesto de vigía protector de la dueña.

La acción comienza a desarrollarse en A Facona, la cárcel de Santiago de Compostela que cobijaba a insignes republicanos, a la espera de una muerte aplazada pero segura, durante la dura represión del Alzamiento Nacional. En ella destacan dos figuras unidas por una misma ideología pero de talantes distintos: el pintor poeta, el primero en ser ejecutado, considerado el más peligroso por ser el cartelista que pintaba ideas y que incluso se fue un día al manicomio de Conxo a pintar a los locos, a retratar las heridas invisibles de la existencia, y el doctor Da Barca, un humanista del universo, para quien las únicas fronteras eran las que mantenían a los pobres apartados del pastel, científico positivista, aunque sentía un cierto respeto por la Santa Compaña. Narró a sus compañeros que un día en que acudió al osario siendo estudiante en busca de un esfenoides: “Allí estaba, ante mis ojos una hilera de candiles, las migajas ectoplasmadas de los difuntos” “¿Hacia donde iban?, preguntó uno de ellos. Hacia la eterna indiferencia, amigo”.

“Yo prefiero la literatura de la Biblia a la de la evolución de las especies” afirmó el pintor”. No, respondió Da Barca, el mejor guión es aquello que ignoramos. ¡El poema secreto de la célula!

El guardia Herbal conocía muy bien al doctor da Barca, le iba siguiendo los pasos como un perro, lo odiaba y lo admiraba. Se sentía extrañamente atraído por una relación de odio, celos (desde su infancia se había enamorado de la novia del doctor, un amor inasible, “la vio pasar en la feria de Fronteira, destacaba como una dueña entre el ramillete de las otras chicas”) y, también de admiración. Da Barca, según contaba Herbal a María da Visitaçao, muchas años después, cuando era ya un hombre apaciguado y redimido, tenía un magnetismo especial, el poder de la mirada, capaz de hipnotizar a su compañero de cárcel el boxeador Gengis Khan y brindarle un banquete hasta el hartazgo a él y a todos los internos; “Que rechazaron tomar la comida del día, sin manifestar signo de protesta ni explicar los motivos de esta actitud”, según informó a las Autoridades el sargento de la prisión. Cuando terminaba su discurso hasta los mancos levantaban sus muñones. Por dos veces Herbal, instigado por el pintor difunto le libró del pelotón de fusilamiento y cuando fue trasladado a la prisión de la Coruña el lo siguió como carcelero y guardián. Y con él, condenado a cadena perpetua, se fue, a petición propia, en un convoy de prisioneros tuberculosos a la provincia de Valencia al hospital Porta Caeli donde cuidaba a sus compañeros enfermos. Un día, la monja, testigo de boda por poderes de Marisa Mallo con da Barca y directora del hospital lo mandó al infierno, como también había mandado a Herbal, aunque por razones distintas, (le había sorprendido leyendo la correspondencia íntima de la pareja). Fue por causa de Santa Teresa. “Me ha decepcionado, doctor, sabía que no era religioso, pero pensé que era un hombre sensible”. Escuche, Izarne, madre Izarne el”vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero”, son versos excepcionales. Ella transforma esa debilidad, la muerte transitoria que le causa el angor en una expresión de cultura o, si prefiere, del espíritu. Un suspiro hecho poema”.

Tras ser trasladado  a san Simón, en Galicia, al doctor da Barca “lo soltaron a mediados de los cincuenta y se fueron él y su mujer Marisa Mallo a América”, contó Herbal a Maria da Visitaçao.

Marisa Mallo es la esperanza en la desesperanza, la ausente siempre presente tanto para su novio y su posterior marido Da Barca como para Herbal. “Cuando Marisa viene a verlo a la cárcel de la Coruña, comentaba Herbal al difunto pintor, piensa que es cosa mía que me ponga justo en medio a escuchar lo que dicen y no dejar que se toquen ni la punta de los dedos. ¡Ese tipo no sabe lo que son las ordenanzas! Hombre, le dijo el pintor, podías hacerte un poco el ciego. Ya lo hice, sabes que ya lo hice, dejé que se tocasen con la punta de los dedos”.

El abuelo de Marisa, Benito Mallo debía su inmensa riqueza al contrabando, sus orígenes fueron tan míseros como los de Herbal, pero a pesar de su suerte era un malvado y un resentido sin escrúpulos. “Sus ojos relucían siempre como los de un gato montés”.Dos lemas dirigían su vida “comer o ser comido, comida o dinero”, al principio fue republicano pero fiel a sus intereses pasó al bando contrario. Las relaciones de su nieta con Da barca eran totalmente reprobables y se negó a ayudarla para un indulto que se iba a realizar tras un año y ocho meses de la terminación de la guerra. Su perversidad irredenta acaso fuera porque no pasó por su mano el lápiz del carpintero.

Herbal también tenía como lema dominio o sumisión pero gracias al pintor estas fronteras se iban poco a poco difuminando. Cuando el convoy de los presos tuberculosos se detiene en Monforte, el doctor da Barca acude a socorrer a un preso agonizante y recibe un culatazo del sargento: ¡no tenía usted mi permiso! “Sangra por el lugar del golpe. Con calma, coge un puñado de nieve y se lo aplica como un bálsamo. “Óleo de sangre y nieve”, dice el pintor en la cabeza de Herbal. “La pomada de la historia, ¿por qué no le ayudas a levantarse? Estás loco, murmura el guardia…el cabo Herbal duda. De repente, se adelanta y le extiende una mano al herido para que pueda ponerse en pie”. Pincelada a pincelada le iba ablandando su corazón endurecido por una infancia lóbrega y sin cariño, le enseñaba a dar otra interpretación a la vida y a sus vivientes. “Fíjate, las lavanderas están pintando el monte, dijo ahora el difunto. “Sobre los matorrales que rodeaban el faro, entre los peñascos, dos lavanderas tendían la ropa a clarear. Sus brazos son dos mangos del pincel…el monte es como un lienzo…Ahí va. La larga pincelada de una sábana blanca. Dos trazos de calcetines rojos…” Sólo durante las ausencias del difunto, que marchaba en busca de su hijo, el Hombre de Hierro pugnaba por ocupar su lugar en la cabeza del guardia.

Tras entregar a Da Barca en san Simón, volvió a Coruña y se le cambió la vida. A Zalito Puga, su cuñado, que había engordado mucho durante la guerra trabajando en abastos, y que tirano sin entrañas maltrataba a su hermana, lo mató de tres tiros, y fue a parar a la cárcel donde conoció al hermano de Manila. Ella era su única ventana con el mundo: “estoy harta de chulos, necesito un hombre que no tenga miedo”.

“El pintor vino un día a verme a la cárcel, un día de angustia, de sed de aire, me habló el difunto y se me pasó el ahogo. Me dijo: ¿Sabes? Ya he encontrado a mi hijo. Anda pintando maternidades. Eso es buena señal, le dije. Significa esperanza. Muy bien Herbal. Ya sabes algo de pintura”.

¡”Y ¿qué fue del pintor?, preguntó María da Visitaçao. ¿No volvió? No, no ha vuelto nunca más, mintió Herbal. Como diría el doctor Da Barca, se perdió en la eterna indiferencia”.

Es una magnífica novela donde una épica, una acción, que rebosa humanismo se entrevera con la lírica, la poesía de una naturaleza sentida encarnada en los acontecimientos que se van sucediendo





El lápiz del carpintero

10 06 2009
El lápiz del carpintero

El lápiz del carpintero

Título: El lápiz del carpintero
Autor: Manuel Rivas

Entrega: 30 de octubre, 2007
Devolución: 20 de noviembre, 2007

Guía de lectura (PDF) elaborada por la Biblioteca

Comentario de Mercedes Orta Gotor (Club del Martes): Con un estilo literario oscuro y admirable, no solo por la rotación de los espacios temporales, sino también por la ausencia de especificación de los hablantes en los diálogos, Manuel Rivas consigue una obra redonda en menos de 200 páginas.

Tomando un tema triste como las crueldades e injusticias cometidas tras la guerra civil, hace un estudio de sus personajes esbozándolos, para que quede a la inteligencia del lector el conocerlos, y el especular más allá de lo que narra.

Hay profusión de personajes, que siembran nuevas historias dentro de la trama. Los protagonistas principales son el doctor Da Barca, poseedor de todas las virtudes: apostura, inteligencia, compañerismo, simpatía… y el guardia Herbal, un desgraciado con poco talento ni belleza, totalmente influido por el medio que le tocó vivir. Enamorado de la novia del doctor, a un tiempo, odia a éste por celos y lo protege, supuestamente, por admiración. Y escucha, sin amargura, la voz del pintor al que ejecutó, simbolizado en el lápiz de carpintero que usaba éste para dibujar un Pórtico de la Gloria en el que, cada rostro, era el retrato de uno de los personajes. Dicho lápiz actúa de conciencia en un hombre, simple y contradictorio a la vez, que, siendo ignorante como una bestia, carece de la crueldad gratuita de otros compañeros de su entorno y es capaz de imaginar palabras delicadas en boca de su víctima.

La historia comienza con un periodista que va a hacer una entrevista al doctor Da Barca, ya anciano moribundo, y al que sorprende en un entorno idílico de armonía, afecto y buen humor. Y termina con, supuestamente, el mismo periodista, que visita en un club de alterne a una joven prostituta a la que el guardia Herbal que, a la sazón, trabaja en él de vigilante, ha ido contando su relato y a la que regala el lápiz.

Una novela inolvidable y difícil, en la que una primera lectura, desorienta, una segunda permite encajar situaciones y personajes, una tercera hace disfrutar plenamente.

Mercedes Orta Gotor








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