“La educación sentimental” de Gustave Flaubert

22 01 2015

By Francisco J. Barral

Club Matinal

Entrega: 14 de enero de 2015
Devolución: 11 de febrero de 2015

Comenzamos la lectura de esta novela de mediados del siglo XIX, que creo hay que leer con los ojos, ha ser posible, de la época, aunque con la interpretación de la nuestra. Y quizás comprobemos (no sé si será el caso) que muchos problemas e inclinaciones no han cambiado, sólo lo han hecho los condicionantes sociales con que los vestimos … ya veremos al final las impresiones que nos aporta.

La educación sentimental (L’Éducation sentimentale en francés) es una novela de 1869 escrita por Gustave Flaubert. Fue su última novela publicada en vida, considerada una de las más influyentes del siglo XIX, siendo alabada por contemporáneos como George Sand, Émile Zola y Henry James.

Trama

La novela describe la vida de un joven muchacho llamado Frédéric Moreau que vive la revolución de 1848 y la fundación del Segundo Imperio francés, y su amor por una mujer mayor, Madame Arnoux. Flaubert basó buena parte de las experiencias de su protagonista (incluida la pasión romántica) en su propia vida.” (es.wikipedia.org)

Si bien esta novela puede parecer algo lenta para nuestra sensibilidad contemporánea (si acaso existe algo que pueda llamarse “sensibilidad contemporánea”), poco a poco va seduciendo a su lector con considerables dosis de pérdida, un sentimiento común a todos los seres humanos.” (revistadeletras.net)

Gustave Flaubert (Ruan, Alta Normandía, 12 de diciembre de 1821 – Croisset, Baja Normandía, 8 de mayo de 1880) fue un escritor francés. Está considerado uno de los mejores novelistas occidentales y es conocido principalmente por su primera novela publicada, Madame Bovary, y por su escrupulosa devoción a su arte y su estilo, cuyo mejor ejemplo fue su interminable búsqueda de le mot juste (‘la palabra exacta’).

Gustave Flaubert era el segundo hijo de Achille Cléophas (1784–1846) y de Anne Justine, de soltera Fleuriot (1793–1872). El padre de Flaubert, cirujano jefe del Hospital de Ruan, sirvió como modelo para el personaje del doctor Lariviēre en Madame Bovary. Su madre estaba emparentada con algunas de las más antiguas familias de Normandía.

El 15 de mayo de 1832 ingresó en el Colegio Real de Ruan, donde cursó octavo curso. Siguió sus estudios en el colegio y el instituto de Ruan sin demasiado entusiasmo. En el colegio era considerado un vago; sin embargo se inició en la literatura a la edad de once años. Durante el verano de 1836 conoció a Élisa Schlésinger en Trouville; este encuentro lo marcó bastante, cosa que reflejó posteriormente en su novela La educación sentimental.

Licenciado en 1839, en agosto de 1840 superó el examen de baccalauréat (bachillerato). En el sorteo para el servicio militar resultó exento, e inició entonces sin demasiada convicción los estudios de Derecho en París. En su juventud Flaubert estaba lleno de vigor y, a pesar de su timidez, poseía una cierta gracia, era muy entusiasta e individualista y aparentemente no tenía ninguna ambición. Conoció a Víctor Hugo y a finales de 1840 viajó con él por los Pirineos y Córcega. De vuelta a París perdía el tiempo soñando despierto, viviendo de las rentas que le proporcionaba su patrimonio. En junio de 1844, Flaubert, que amaba el campo y detestaba la ciudad, dejó los estudios de Derecho con el pretexto de reponerse de un acceso de epilepsia, mal que siempre se esforzó en ocultar, y abandonó París para regresar a Croisset, cerca de Ruan, donde vivió con su madre y más tarde con su sobrina. Esta propiedad, una casa en una agradable parcela a orillas del Sena, fue el hogar de Flaubert hasta el final de sus días. Aquí es también donde comenzó sus primeros trabajos literarios, por ejemplo la primera versión de La educación sentimental.

En 1846 murieron su padre y su hermana, dos meses después de que enfermaran. Flaubert se hizo cargo de su sobrina. Comenzó una tormentosa relación con la poetisa Louise Colet (1810–1876), que duró diez años y de la que resultó una importantísima correspondencia; las cartas que le dirigió fueron preservadas, y, según Emile Faguet, esta relación fue el único episodio sentimental de importancia en la vida de Flaubert, que nunca se casó.

En París asistió a la Revolución de 1848, que observa con una mirada muy crítica (como en La educación sentimental). Durante el Segundo Imperio Francés frecuentó los salones parisinos más influyentes y entre otros se relacionó con George Sand.

(…)

Cuando “Madame Bovary” apareció en formato de libro recibió una cálida acogida. Flaubert pudo costearse una visita a Cartago entre los meses de abril y junio de 1858, a fin de documentarse para su próxima novela, Salambó, que no terminó hasta 1862, a pesar del trabajo ininterrumpido del escritor.

Retomó entonces el estudio de las costumbres de su época, y, utilizando muchos de sus recuerdos de su juventud e infancia, el 1 de septiembre de 1864 comenzó a escribir la segunda versión de La educación sentimental, que fue publicada en 1869 por la editorial Michel Lévy. Hasta entonces la vida de Flaubert había sido relativamente feliz, pero pronto sufrió una serie de desgracias. Durante la Guerra franco-prusiana en 1870, soldados prusianos ocuparon su casa. Flaubert comenzó entonces a padecer enfermedades nerviosas.

La muerte o la incomprensión lo alejaron de sus amistades. En 1872 perdió a su madre, y su hasta entonces buena situación económica empeoró. Su sobrina, Mme. Commonville, cuidaba cariñosamente de él. En ese momento, entabló una relación de íntima amistad con George Sand, con la que mantuvo una correspondencia de inmenso interés artístico, y de vez en cuando se veía con sus conocidos parisinos, Émile Zola, Alphonse Daudet, Turgenev, Edmond Rostand y Jules Goncourt; pero nada indicaba la proximidad de la muerte de Flaubert, sumido en la desolación y la melancolía. Sin embargo, no dejó de trabajar con la misma entrega de antaño. (…)

Flaubert envejeció rápidamente a partir de 1870, y parecía un anciano cuando falleció en 1880, a la edad de 58 años. Murió de una hemorragia cerebral en Croisset, pero fue enterrado en el panteón familiar del cementerio de Ruan. En 1890 se inauguró en el museo de Ruan un bello monumento de Chapu dedicado a la memoria de Flaubert.

El carácter de Flaubert ofrecía varias peculiaridades. Era tímido e incluso extremadamente sensible y arrogante, pasaba del silencio absoluto a una vergonzosa y ruidosa verborrea; oscilaba entre una desesperación poco menos que nihilista y una vitalidad y joie de vivre casi rabelesiana. Tenía una gran tendencia a la soledad y el retraimiento social. Las mismas incoherencias marcaban su físico; tenía una fisonomía robusta pero padeció una molesta epilepsia desde la infancia; asimismo era un neurótico obsesionado con la escritura, pretexto de sus depresiones y de sus entusiasmos, cuando comentaba algunas de las páginas más felices de los clásicos. Este rudo gigante fue secretamente corroído por la misantropía y el disgusto por la vida. Su odio antiburgués comenzó en su infancia y se convirtió en una especie de monomanía, especialmente visible en su última obra, el Bouvard y Pécuchet. Despreciaba la vulgaridad, la mediocridad, el adocenamiento, el materialismo del burgués, y además sus hábitos, su falta de inteligencia, su desprecio a la belleza con tanta intensidad que ha sido comparado con un monje asceta.” (es.wikipedia.org)

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13 02 2015
Orta Mercedes

El estilo de esta obra, calificada de maestra, es de frase más que corta, cortante.
Buenas descripciones avalan su éxito, pero, quizá por la traducción, muchas veces no se sabe a qué personaje corresponde la acción que se narra.
Excesivamente larga para la poca enjundia que contiene, ninguno de sus, también excesivos, personajes, se hace querer, ni la sociedad puede calificarse de otra manera que de anodina, ni la situación política y las revueltas que origina me parecen interesantes tal como las narra, con minuciosidad en los hechos pero incompleta en sus raíces. En su momento y en Francia podría interesar; ahora solo como testimonio de una época poco atractiva, para estudiosos de la misma, o para conocer las costumbres y escribir una obra situada en esos años y lugares.
Fréderic Moureau es un joven inestable, vacío e inmaduro, que se enamora de la Señora Arnoux platónicamente, la primera vez que la ve, en la cubierta de un barco y que busca la amistad de su marido para poder tratarla. Va volviendo a ella a lo largo de su vida pero cuando se citan y ella no acude, tarda minutos en irse con otra, y cuando, casi terminando la novela, al fin se le ofrece, sus cabellos blancos le asquean, así de poco valioso es su amor.
Termina la primera parte recibiendo una herencia, que hace que cambie su vida insulsa por otra, igual de insulsa, pero más desahogada. Porque el joven,_ del que no conocemos su físico, ya que al autor no debía parecerle de interés más que la descripción de su ropa, más o menos elegante,_ no llega a trabajar en ningún momento, ni a implicarse en serio en ninguna ideología, ni a comprometerse con ninguna mujer. Cuando parece que va a ser un hombre permanentemente célibe, termina la segunda parte acostándose con Rosanette, a la que llaman la mariscala, no se sabe por qué, cortesana por la que siente también entusiasmos pasajeros, y que incluso le da un hijo, que muere sin que él sienta mucho más que algo de lástima.
La mujer que desde niña se interesa por él es Louise, fea muchacha provinciana, hija del señor Roque, administrador de Dambreuse, poseedora de cierto capital, que termina por casarse con su amigo de la infancia, Deslauriers, y por abandonarlo luego.
La última de sus principales amantes es la señora Dambreuse, con la que está a punto de casarse cuando enviuda, pero el hecho de que la fortuna de su marido haya ido a parar a manos de la hija de él, que hacen pasar por sobrina, le desanima notablemente.
El amor más estable, aunque no menos traicionero de su vida, es el de Deslauriers, el amigo pobre, que le protegía de pequeño, y al que él llegó a amparar económicamente de mayor, aunque no tanto como éste hubiera querido.
Tiene otros amigos. Dussardier, por el que arriesga su vida, inexplicablemente, cuando es herido en las revueltas. El pintor Pellerin, con el que no se porta bien, ni tampoco él con Fréderic. El comunista Sénecal, exaltado y amargo, etc… en el último capítulo se hace un repaso del fin parcial de cada personaje.
Y el final… posiblemente sea el final lo más excelso de la obra, por lo inesperado y por el reconocimiento de la vaciedad de sus existencias, que hacen Fréderic y Deslauriers, que reconocen que la mejor aventura de sus vidas fue cuando, de jovencitos, acudieron al prostíbulo de “la Turca” y salieron corriendo. Y con eso, está todo dicho.

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