“El marino que perdió la gracia del mar” de Yukio Mishima

5 04 2014
By Francisco J. Barral

En la nueva lectura del Club matinal que empezamos el pasado 26 de marzo, abordamos este libro del escritor japones Yukio Mishima, que quizás empezó a ser conocido en occidente a consecuencia de su suicidio ritual según la tradición samurai japonesa … y este acto quizas ha empañado la visión de su obra tanto en occidente (como consecuencia del morbo que inevitablemente le acompañará) como en Japón (en el que puede haberse entendido su suicidio algo teatrizado, y por tanto escandaloso). Pero creo que abordaremos su lectura con objetividad y tendremos asegurado el debate de su obra por sí misma y en relación con las circunstancias de su vida.

(…) En esa confusion o funcionalidad que encierra la traducción, pueden encontrarse algunas joyas de cuando en cuando. No sé si la expresión japonesa Gogo No Eiko, permita el juego de palabras que la traducción castellana realizada por Jesús Zulaika Goicoetxea sí permite. Zulaika propuso: “El marino que perdió la gracia del mar”; al efecto se crean dos imágenes: en la primera el marino pierde la gracia, el donaire, la plasticidad del mar; en la segunda, el marino pierde la gracia, el favor, la bendición del mar. Después de la lectura del libro, ambas interpretaciones siguen vigentes.

(…)

Tal vez la mayor riqueza del texto de Mishima, así como su más sutil perversidad, radica en su capacidad para crear la realidad a partir de la palabra; en Mishima, en sus personajes, la enunciación del crimen es la comisión del crimen mismo. (…)

Como todo dios, Noboru gobierna en un universo perfecto, completo en sí mismo; su mundo está compuesto por Fusako, su madre; por su banda de amigos y, sobre todo, por la trilogía indivisible y omnipresente compuesta por el puerto de Yokohama, el mar y los conocimientos que sobre marinería y navegación ha atesorado como piedras preciosas. (…)” (http://cesarcallejas.wordpress.com/2012/12/21/mishima-pierde-la-gracia-del-mar-o-la-literatura-como-provocacion/

El marino que perdió la gracia del mar es una novela del escritor japonés Yukio Mishima publicada en el año 1963. El libro narra la decisión del marinero Ryuji de abandonar el mar y sus anhelos tras conocer a la viuda Fusako y enamorarse de ella. Sin embargo Noboru, hijo de la viuda, tras haber idealizado al marinero e influenciado por su grupo de amigos, no aceptará la decisión de Ryuji de vivir en tierra y convertirse en su padre.

Fue llevada al cine en el año 1976 por el director estadounidense Lewis John Carlino, protagonizando la película los actores Sarah Miles, Kris Kristofferson y Jonathan Kahn. Por su interpretación, Sarah Miles y Jonathan Kahn fueron nominados a sendos Globos de Oro en la edición de estos premios del año 1977.” (http://es.wikipedia.org/wiki/El_marino_que_perdi%C3%B3_la_gracia_del_mar)

Yukio Mishima

Yukio Mishima (三島由紀夫 Mishima Yukio?), cuyo verdadero nombre era Kimitake Hiraoka (平岡公威?) (Tokio, 14 de enero de 1925 – ibídem, 25 de noviembre de 1970), fue un escritor y dramaturgo japonés, considerado uno de los más grandes escritores de la historia del Japón.” (http://es.wikipedia.org/wiki/Yukio_Mishima)

Nacido como Kimitake Haraoka, Mishima aprendió a escribir mucho antes que sus compañeros de clase y, más aún, a redactar poesía. Sin embargo en la Academia a al que entró se burlaban de él y de su apariencia hasta que años después finalmente fue reconocida su inteligencia. Mishima pertenecía a una familia que había tenido cierto estatus social pero que lo había perdido casi todo pero que se negaban a aceptar su nueva condición. Su padre, un burócrata de bajo rango, veía como “poco masculinos” sus dotes literarios por lo que en cierta ocasión hizo trizas un librito de cuentos que Mishima había escrito con esmero. Con todo y desde que comenzó a publicar en su adolescencia, ya con el seudónimo que lo inmortalizaría, Haraoka adquirió una popularidad monumental.

En 1943 y el plena guerra mundial, Mishima quiso alistarse como kamikaze pero se le rechazó, vaya ironías, por su salud endeble y por engañar al médico al pretender tener fiebre. A partir de ahí comenzó a pasar horas haciendo ejercicio y desarrollando sus músculos. Ya desde entonces escribía por lo menos tres horas al día y tenía ya una considerable cantidad de lectores que devoraba todo lo que escribía.

Algo que emocionaba a sus admiradores era el hecho que Mishima podría representarle a Japón su primer Nóbel de Literatura, una manera simbólica de aceptar formalmente a un país habías cometido brutales tropelías durante la segunda guerra mundial. Sería además un modo importante de impulsar la lengua japonesa fuera del archipiélago; pero sobre todo, le sería otorgado a Mishima a quien llamaban “el Shakespare japonés” por el magnetismo que producían sus obras teatrales. El mismo Mishima había dicho en entrevistas, con escasa modestia: “Creo que sí se me diera un premio así, lo aceptaría de inmediato”. Sus obras ya habían llegado a Europa y entre los miembros de la Academia Nóbel se le barajaba seriamente como candidato. El temor en Estocolmo, según el periodista Ikao Tamorake, era que el reconocimiento podría hacer resurgir el ultranacionalismo en Japón, actitud que Mishima ya estaba mostrando abiertamente.

En 1968 el Nóbel de Literatura es entregado a Yasunari Kawabata, noticia que e devastadora para Mishima, quien se niega a felicitar al ganador. Este es un golpe demoledor pues indicaba que pasarían décadas para que volviera a recibirlo otro japonés. Tamorake concluye que este hecho lo deja sin esperanzas de pasar a la posteridad a través de las letras por lo que opta por morir con honor en una ceremonia que comienza a preparara con varios acólitos suyos, estudiantes universitarios de los que sus compañeros no sospechan de sus actividades.” (http://www.geocities.ws/fasenlinea/mishima_portento.htm)

El escritor japonés Yukio Mishima, célebre en su país, era un perfecto desconocido en el extranjero cuando murió. En Occidente, fueron los medios de comunicación los que lo hicieron tristemente famoso cuando, el 25 de noviembre de 1970, dieron la noticia de que Mishima, luego de tomar control de la comandancia de un regimiento y proferir un manifiesto ante unas tropas que lo abuchearon y silbaron, tomó el camino de la acción pura y se abrió el vientre mediante el tradicional método seppuku. Gesto de protesta y admonición, se inscribía así en una larga lista de mártires por la causa imperial. “Tenno heika Banzai”, “¡Larga vida al Emperador!”, fueron sus últimas palabras.

Dos meses después, Mishima hubiera alcanzado los 46 años. Había escrito 40 novelas, 18 obras de Teatro Kabuki (todas profusamente representadas), 20 volúmenes de cuentos, y otros tantos de ensayos literarios. Scott Stokes, autor de su biografía más completa, enumera 102 títulos del escritor, y mide en 36 volúmenes su obra completa. Fue director, actor y modelo fotográfico. Había volado un F-102, dirigido una orquesta sinfónica, creado su propio ejército, y dado la vuelta al mundo siete veces.

Por sobre todas las cosas, fue un hombre dotado de una voluntad sobrehumana. Con la determinación de mejorar su salud, su natural enclenque, a los 27 años aprendió a nadar. Entre 1953 y 1954 practicó boxeo, que volvió a practicar en 1958 por poco tiempo. En julio de 1955 comenzó a levantar pesas, y mantuvo un régimen de tres sesiones por semana durante quince años, sin permitir que nada, ni siquiera los viajes, se interpusieran en su entrenamiento. En enero de 1959 comenzó a practicar Kendo, arte que nunca abandonó y en el que, en 1968, obtuvo el 5to. Dan. Al final de su vida, agregaría el Karate a su rutina diaria.

Según sus biógrafos y traductores, su conocimiento del Japón clásico era superior al de la mayoría de sus contemporáneos. Mishima es un escritor del Siglo XX en el que perduran las características inmutables del estilo arcaico japonés de los siglos X y XII, “el puro Japón de la lengua japonesa”, contenido en obras como los Ise Monogatari (a los que Pequeños Universos dedicara esta entrada), el Genji Monogatari u otras joyas literarias. Concibió nuevas obras de Teatro Nô que fueran fieles a su estilo distante y hermético, y podía escribir fluidamente en el barroco modo del Teatro Kabuki. El popular drama de las marionetas tampoco tenía secretos para él.

Escribía (y tal vez sea otro rasgo propio de esa tradición) de una sola vez, de un tirón, sin tachaduras, correcciones o enmiendas. Todos sus editores coinciden en que Mishima poseía dos rasgos que lo diferenciaban del natural de los escritores contemporáneos: los manuscritos poseían una prolijidad pasmosa, y eran entregados invariablemente a la hora y fecha pactadas, o incluso antes.

II. La prosa de la espada

Mishima distinguía, dentro de sus trabajos, entre obras mayores y menores. Se trataba de una distinción literaria: las obras mayores poseían atributos estéticos que las diferenciaban de las menores. Todas las noches de su vida, entre las once y las doce, Yukio Mishima se sentaba a escribir hasta el amanecer. Allí volvía hábito la distinción: las primeras dos horas las dedicaba a escribir literatura menor, que vendía a editoriales, pero principalmente a revistas; el tiempo restante lo dedicaba a la preciosista literatura que consideraba mayor (El mar de la fertilidad, El pabellón de oro, Después del banquete y Confesiones de una máscara, por mencionar algunos títulos). Algunas veces, Mishima se encerraba en la habitación de un hotel durante diez días para terminar novelas que luego difundía en entregas sucesivas, y con las que se enriquecía. Así nació, por ejemplo, La noche más blanca, éxito de tal dimensión que de inmediato se filmó una película, la primera de las quince que se hicieron en base a una novela suya.

La personalidad rica y compleja de Mishima distinguía también entre dos ríos: el de la palabra y el de la acción. Antagonistas, rivales, un río no inunda el otro. Sus escritos políticos eran, Mishima dixit, “prosa de la espada”, de la acción, y no de la pluma, de la palabra. No tenían “nada que ver” con la literatura. Dentro de los escritos políticos cabían, a su vez, los ensayos mayores y menores. Mayor fue La defensa de la cultura, de tipo abstracto, filosófico, ricamente elaborado, extremadamente difícil. En sus ensayos menores defendía la misma postura, pero de manera directa, sencilla y animada. Entre estos ensayos menores estaban Lecciones para jóvenes samuráis e Introducción a la filosofía de la acción, que publicó por capítulos en la revista Pocket Punch Oh!, y también como libro para financiar su emprendimiento militar.

La defensa de la cultura es un largo ensayo “mayor” redactado en el campamento de reclutas durante su primer alistamiento. Fue publicado en julio de 1968. “Simplificando mucho, decía: que los  japoneses eran japoneses en virtud de la cultura japonesa; que el emperador era la única fuente y único garante de la cultura japonesa total; que defender al emperador era, por tanto, lo mismo que defender la cultura y la forma fundamental de defenderse.” El Emperador era la fuente de la cultura en función de miyabi, “un valor o cualidad de la estética japonesa clásica, que suele definirse como la elegancia cortesana y que se identifica con la poesía de la corte. Según la singular definición de Mishima, miyabi era la esencia de la cultura de la corte y el anhelo que el pueblo tiene de esa esencia. Así como la poesía cortesana era el origen de toda la literatura japonesa posterior, argumentaba él, miyabi era el origen de todos los valores estéticos subsiguientes (tales como yugen, han, awabi y sabi). Por tanto, toda la cultura popular (cultura ajena a la corte) había de ser la imitación del miyabi, el pueblo que aspira a la elegancia de la corte. Puesto que la elegancia cortesana sin un emperador era un absurdo, se llegaba a la conclusión de que el emperador era la fuente del miyabi. De ahí, el emperador como fuente de la cultura japonesa. (…)” (http://pequeniosuniversos.wordpress.com/literatura/mishima-martir-de-la-causa-imperial/)

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