Relatos encadenados del club de lectura extramuros

26 04 2013
Relatos encadenados

Relatos encadenados

Los miembros de nuestro Club de Lectura Extramuros, relacionado directamente con la Biblioteca pero que se reúne fuera de nuestras instalaciones, nos han hecho llegar un conjunto de relatos que se han marcado como ejercicio de creación literaria dentro de sus actividades y que han titulado como Relatos encadenados. Este es su trabajo:

La ruleta rusa

Todo empezó como un juego, entre los miembros del grupo se repartieron las dieciséis papeletas. Sin darse cuenta, su mente comenzó a trabajar y a realizar complicadas operaciones y comparaciones para medir la mayor o menor posibilidad de que le tocara a él, era de esas personas que conseguían reconciliarse con el mundo si eran capaces de traducir a un número cualquiera de sus situaciones cotidianas. En el primer instante constató que sus probabilidades de comenzar el angustioso juego eran pocas, una entre dieciséis, mayor que la de que te caiga un rayo o que te toque la lotería pero  muy baja si la comparamos con la probabilidad de morir jugando a la ruleta rusa, por lo que de forma un poco extraña se quedó tranquilo y pensó que nunca había tenido suerte en los juegos de azar y éste caso no iba a ser distinto. Por esos extraños mecanismos de la mente su cuerpo se relajó y abrió su papeleta. Han pasado tres días desde ese aciago jueves y sigue buscando una explicación.

                                                                                             José A. Nielsen

El pajarito multicolor

Sigue buscando una explicación….. y buscando y buscando me sentí triste, deprimida ,incapaz de encontrar una lógica que diera sentido a mi dramática situación. Estando en este estado lamentable apareció un pequeño pajarito multicolor bellísimo, alegre y saltarín, de trino suave. Se posó en mi hombro y me picoteo tiernamente en el cuello.

   Estoy segura que venía a liberarme de la tristeza que me embargaba. Me hizo sonreír, le agradecí su visita y lo cargue con millones de besos.

   En este momento elevó el vuelo hacia el firmamento, hasta que lo vi. Desaparecer…..

   En un ala se llevó mi tristeza y en la otra mis besos.

   ¿Qué hará con esta doble carga …?

Lola del Trigo.  

¿Qué haré con esta doble carga?

¿Qué haré con esta doble carga? Me quedé extasiado ante mi gran tarea.

Era la primera vez que me veía metido en este lio. Me dije a mi mismo ¿acaso no soy yo el que transito por el azul profundo de los cielos, sin necesidad de GPS? Y vuelvo cada año a mis rincones favoritos para habitar en ellos. La sabia naturaleza me dotó de una prodigiosa brújula sensible, para orientarme a través del sol, las estrellas, la noche, las tormentas.

¡No hay carga más sutil que la hermosura ¡

Amiga, mis alas diamantinas llevaran tus mensajes, extraídos de sueños.

Como gotas de rocío son las tristezas y se evaporarán en mi abrazo vespertino con el sol, fundido en ellas.

Tus cristalinos besos, más pesados, son millones. Los dejaré caer por el espacio saturando el aire con promesas.

¡Ojala!  Que los hombres  lleguen a envidiarme, por ser libre, gritar y cantar a mi modo, a mi manera.

En  Libertad, te dejo y vuela.

María Salido

En Libertad, te dejo y vuela

En Libertad, te dejo y vuela…..

La presión de una mano sobre mi hombro, produjo en mí  una leve sacudida. Miré a mi alrededor. La gente caminaba de un lado para otro, mirando continuamente el reloj, arrastrando la maleta, mirando por aquí y por allá, leyendo una y otra vez los anuncios que aparecían en los paneles publicitarios. Otros leían con apariencia serena libros y revistas….

– Vamos cariño, nuestro tren está a punto de salir.

Manolo

! Vamos cariño nuestro tren está a punto de partir! 

Sin embargo yo no estaba convencida de lo oportuno de ese viaje. Las noticias eran más alarmantes cada día robos, asaltos, pillaje y poca seguridad.

La noche anterior me desperté sobresaltada…..escuche un ruido inusual y después de pensarlo mucho me levanté despacio, fui al salón donde se escuchaba el ruido y….. Suspiré de alivio. Era una bolsa de plástico que se mecía por el suelo a compás del viento de la ventana abierta. Regrese a la cama pero no pude dormir más.

Carmen Arias.

Regresé a la cama,  pero no pude dormir más. Me levanté y me puse a repasar el viejo álbum de fotos. Allí estaba Guadalupe.

Durante los dos años que estuve destinado en México, me eché una novia en  D.F.

De niña había sufrido un brote de poliomielitis, que le produjo una deficiencia en el desarrollo de una de sus piernas, por lo que gozaba de  una ligera cojera.  A mí me gustaba. Lupita quiero decir; aunque su deficiencia física tampoco me importaba apenas. Me resultaba ventajoso. Sin demasiado esfuerzo por mi parte, cada vez que me apetecía, la cogía. Claro, ella era coja.

                                                                                                          Rufo

Claro, ella era cojaYo llevaba observándola un rato, mientras le echaba de comer los cañamones que había comprado en el kiosco. El día estaba gris, por la madrugada había caído un buen chaparrón y el día se había quedado frío y desapacible. La gente se había quedado en sus casas y el parque, siempre lleno, a estas horas de la mañana, estaba completamente vacío. La competencia era muy grande, el hambre hacía que a mis pies se apiñaran cientos de ellas reclamando su parte. Las más osadas, incluso se subían a mis manos para ser las primeras en picotear lo que salía del cucurucho. Entonces la vi, era ella, estaba seguro. Me miraba directamente a los ojos como queriéndome hablar sin palabras,  ajena a la ambición de sus compañeras de bandada.

Yo no la creí, cuando aquella mañana de noviembre entró cojeando en la cocina y me dijo que le dolía la espalda a la altura de los omóplatos. Tómate una aspirina, le dije sin mirarla siquiera. Tampoco, cuando aquella tarde comenzó a decir que le dolía la garganta y que le costaba mucho hablar. Por la noche, ni siquiera me levanté para ver que ocurría en el dormitorio cuando oí ruidos de aleteos y gorjeos de palomas. ¡Le ocurrirá como al niño del cuento que gritaba que viene el lobo, para reírse de todos los del pueblo! Solo cuando encontré la ventana de su cuarto abierta, las plumas grises y blancas por el suelo, comencé a sospechar y un pellizco se me cogió el estómago.

José María Rodríguez

Un pellizco en el estómago…. me dió cuando el ascensor bruscamente se paró.

Me había levantado muy temprano, a pesar de que me había acostado muy tarde, preparando la entrevista. Le había dado la lata a todos mis amigos para que me ayudaran a prepararla, ensayando con ellos la situación para que nada quedara al azar. Punto por punto lo había repasado todo, y aunque era probable que acudieran muchos aspirantes bien preparados, dada la importancia del puesto, estaba segura de que iba a ser para mí.

¡Estaba pérdida! No llegaría a tiempo y todo mi esfuerzo sería en vano.El tiempo pasaba, y por más que pedíamos ayuda y mirábamos nuestros relojes con desesperación, nadie acudía a liberarnos.

Mi cabeza no paraba: El señor ya se habrá ido…Qué mala suerte la mía……etc.

Ignoré al otro ocupante del ascensor que intentaba tranquilizarme. Cuando al fin nos liberaron, ambos salimos precipitadamente, diciéndome él como despedida:

Perdona me voy corriendo. Hoy tengo que contratar a alguien y voy a llegar muy tarde.

Suspiré con gran alivio. Estoy salvada, seguro.

Ya en la oficina, tranquila, convencida de mi suerte, oí la palabra: pase.

Puse en marcha todo lo que había preparado, pero ..   ¡No era el del ascensor!

                                                                                                           Carmen Quevedo

No era el del ascensor, no, tampoco era ese. Hacía ya tanto tiempo de aquella tremenda experiencia y aún sentía que no había ni comenzado a superarla.

Casi no recordaba su cara y lo veía en cada persona, siempre estaba presente, sintiendo-temiendo su cercanía en cualquiera que se le pudiera acercar lo más mínimo.

El sicólogo dijo que ella tenía fuerzas para superarlo, que podía conseguirlo,  incluso ella estaba convencida de ello, pero desde entonces aún no había podido estar con ninguna otra persona, incluso se ponía nerviosa si la sentía cerca de su espacio vital.

Su padre, su propio padre, también se cuestionó si pudo haber ocurrido porque iba demasiado llamativa, demasiado ceñida. Su hija era demasiado guapa.

¡¡ Qué duro fue todo ¡!

Esas fisuras por las que poder preguntarse si ella no tenía también parte de culpa en lo que había sucedido.

¡Tenía que superarlo, sabía que lo conseguiría ¡

                                                                                              Toñi Méndez

Tenía que superarlo, sabía que lo conseguiría. Tarea difícil. Lo supe desde el primer momento. Me costó asimilarlo. No daba crédito a lo que veían mis ojos. Difícil de creer, pero… allí estaban. Los tanques se habían convertido en tanques de caramelo. Las ametralladoras de regaliz, las minas antipersonas de chocolate, las granadas de gominolas, las bombas de chicle…

Al ver esta maravilla grité: “¡Niños del mundo, venid, corred, hay que darse un atracón porque ha estallado la Paz!”

Y al gritar, me desperté.

                                                                                                            Juani Fernández

Y al gritar, me desperté. Me despertó el percutor de un colt 45 golpeando al vacío en el malévolo azar de una ruleta rusa. Busco una explicación en la soledad de mi cama, y como un pajarito multicolor alzo e vuelo, pero no puedo soportar el recuerdo de aquel día, su dolor y mi angustia. ¿Qué haré con esta doble carga?.

Áún resuenan en mi memoria las palabras del psicólogo al terminar el internamiento:” en libertad te dejo y vuela”. Y también las de mi madre cuando abandonábamos nuestro hogar en busca del olvido, “vamos cariño, nuestro tren está a punto de partir”, pero para nuestra desgracia, a veces nuestro tren nunca parte.

Regresé a la cama pero no pude dormir más, la imagen de aquella primera vez martilleaba mi cerebro. Lo recuerdo con nitidez. No me costó alcanzarla. Claro, ella era coja, y mientras más se resistía más crecía mi excitación. De nuevo en la calle, un pellizco se me encogió en el estómago. ¿Qué me había sucedido?, ¿cómo pude actuar así?. ¡Yo no podía ser ese canalla!¡yo no era el del ascensor!. Tenía que superar esa historia, tenía que superarlo, sabía que lo conseguiría. Me entregué a las autoridades, me internaron y me sometieron a internamiento durante años. Han pasado 15 años y desde entonces ha vuelto a suceder otras veces, no me sirvió de nada.

Hoy soy un fugitivo de la sociedad y de la vida.

Si me ves llegar, corre

Diego

Si me ves llegar, corre.

¿Pero por qué huir de mí? ¿Qué había hecho yo en realidad? ¿Cuál era mi culpa? Nada de lo ocurrido tenía sentido.

            Empecé a recordar…

            Yo no tenía la culpa de que mi infancia hubiera ido tan traumática. De que no hubiera sabido asimilar los cambios que se produjeron en mi pubertad, en mi juventud.

            Siempre recordaré aquel puñado de años que viví en el pequeño pueblo de las montañas. Eran sobrecogedores los exuberantes bosques, las montañas eternamente nevadas, los rugidos de los truenos en las noches de tormenta, los aullidos de los lobos que merodeaban por nuestra casa.

            Mi padre se encargaba del mantenimiento de la reserva animal que allí habían instalado.

            Era un enamorado de la naturaleza y él había solicitado ese puesto, hastiado ya de un mundo de trepas en un prometedor trabajo en una multinacional. Pensaba que un cambio en su vida, al menos temporal, sería bueno para toda la familia, ahora que los niños éramos pequeños.

            Muchos días le acompañaba, junto con mi hermano pequeño, en su Land Rover a revisar los animales, el recuento, el nacimiento de las crías. Yo disfrutaba del campo tanto como él. Me había enseñado a amar aquel lugar, a aquellos habitantes…

            Y sin embargo ¿por qué tuvo que suceder?

Teresa


 Y sin embargo ¿por qué tuvo que suceder? Eso me pregunto yo, por qué se me ocurrió subirme a un árbol, como si yo fuera aún una chiquilla !poco seso!, creo yo. El día estaba estupendo, corría una ligera brisa, el cielo claro, diáfano, sin una nube y el sol calentando discretamente, el campo verde, con distintos tonos, y en flor, tras una larga temporada de frío y lluvias. Me sentía eufórica, llena de vida y aquel conjunto de ramas entrelazadas y peladas que apareció ante mí me atrajo con fuerza, era un árbol sin vida, con una preciosa estética, y atraída como un imán me fui hacia él, lo rodee fijándome en  las distintas formas que iban tejiendo sus ramas al entrelazarse, me senté en una de sus gruesas ramas, una muy próxima al suelo y tras recrearme un rato con el entorno, busqué una rama algo más alta, quería ampliar mi  campo de visión, llevada por ese deseo alcancé otra rama y luego otra más, que crecía en un sentido distinto, y así poco a poco, sin pensarlo me encontré en la cima, !Menos mal, no era demasiado alto!, desde luego me sorprendí al ver donde había llegado tan inconscientemente. Entonces vino el problema ¿cómo bajar? No es lo mismo mirar hacia arriba que hacia abajo. Casi me entraron ganas de llorar, no tanto por estar ante el problema de bajar, como por mi estupidez al subir. Relájate, me dije, todo tiene remedio y tras meditar un momento comencé el descenso con mucho cuidado superando cada una de las dificultades que, en el descenso, me iba encontrando. Cuando puse pie en tierra respiré profundamente y pensé. ¿Dónde se había ido mi pretendida prudencia?

Azulina

¿A dónde se había ido  mi pretendida prudencia? A modo de flash pasaron por mi mente situaciones en las que, apoyado en el bastón de la prudencia, había caminado con más seguridad. En  realidad yo en mi vida había arriesgado poco, mi lema podría haber sido  “más vale pájaro en mano que cientos volando” y ni siquiera había salido de un entorno que no dominara. Pero ¿me habría excedido? porque en realidad esa actitud también la había tenido en mi relación con las personas.  Por temor al contagio huí tanto del pesimista como del optimista, huí de aquellos comprometidos con todas las causas y de los  indiferentes, me alejé de cuantos me parecían idealistas soñadores o de sus contrarios los  realistas, me mantuve a distancia tanto de los estrictos puritanos  como de los relajados sin normas…Y todo  por temor al riesgo, por seguridad, por ¿una mal entendida? prudencia. No sé. El caso es que después de mi experiencia subiendo y bajando por zonas desconocidas, me sentí más libre y capaz, añoré el horizonte descubierto, el sabor del riesgo, el despegue de la tierra y, también añoré la compañía del pesimista y del optimista del comprometido y del indiferente, del idealista y del realista, del puritano y del  que vive sin normas y sobre todo comprendí que la verdadera prudencia no es un refugio para privarte de, sino  un  saber elegir los mejores medios para actuar y relacionarse.  Nunca es tarde, me dije. Adelante.    

Rosa

Nunca es tarde, me dije. Adelante. Pero el temor acecha y siempre vuelve. Cuando te supera lo llamamos miedo. Eso fue lo que sentí cuando descubrí que ella se había marchado. Quizá cansada de soportar mi egoísmo y mi indiferencia, de darlo todo son recibir nada a cambio. Es verdad que la vida en mi profesión no había sido muy generosa conmigo,  pero de eso ella no tenía la culpa. Noté en mi piel el sudor pegajoso de la borrachera. Era tan tarde que sentí la vergüenza del campesino holgazán. Me metí bajo la ducha y dejé correr el agua fría con la esperanza de que arrastrase todo aquel limo de vergüenza que me había dejado la noche.

Cerré los ojos y reflexioné sobre este sentimiento que hasta los más valientes sienten algunas veces. Nacemos con miedo a la vida y vivimos con miedo a la muerte, pero ¿qué cara tiene en verdad el miedo?

 Y de pronto me imaginé su cara, …cuando descendía por las rampas del infierno.

Carmina

Cuando descendía por las rampas del infierno, me di cuenta  que es inútil dejarlo todo en manos del destino –como había hecho hasta ahora- . Había pasado  cuarenta y cinco años de mi vida trabajando en esa horrible oficina, donde comencé manejando una Olivetti, hasta terminar con programas informáticos.

Las primeras semanas después de mi jubilación, las dediqué a poner en orden: cajones, armarios, organizar documentos…era como un anexo del trabajo que había dejado.

Aquella mañana, al abrir la ventana, se inundó la habitación de un olor a hierba y tierra mojada, vivía en una pequeña casa antigua, casas de viejos marineros-me dijeron los vecinos cuando me interesé por  ella- Mario, el poeta -como se le conocía- llegó, me entregó una hoja doblada y me rogó que la leyera. Decía así:

Para ti

La belleza del mar

La belleza de las flores

La belleza de los amaneceres…

Tu belleza, es superior a todas ellas

Lo miré y sonreí, me cogió la mano y la besó. Comprendí que el destino nos deja sus puertas abiertas.

                           Charo

Comprendí que el destino nos deja sus puertas abiertas.

Pero ahí está el problema,

¿Qué puerta elegir?.

¡¿Cualquiera?!. No importa.

¿Y si te equivocas? No importa. Vuelta atrás y eliges otra cosa.

¿Y si es demasiado tarde?. Nunca es tarde y siempre se puede volver a empezar. (Positivismo puro y duro.).

Pero la vida no es así. No es tan fácil decir: ¡No pasa nada!.

A veces sí pasa y bastante.

 Pienso que el ser positivo es bueno, pero, por Dios, no olvidemos la prudencia, la sensatez …

Hay que caminar pero de vez en cuando, mirando al suelo para no caerse

Puri

Hay que caminar pero de vez en cuando, mirando al suelo para no caerse

Hay que seguir caminando.

Estaba aterrado.

Mientras se dirigía hacia la ruleta rusa, pensaba en su situación.

Sin trabajo, su familia casi en la indigencia, la orden de desahucio a punto de llegar.

Necesitaba ese dinero.- Arriesgar su vida, a cambio de un alivio a su situación económica.

Por eso, a pesar del pánico, siguió caminando hacia el lugar de las apuestas.

Abrió la puerta……Se sentó

En la mesa, un revolver y una bala.

Cargo el tambor y lo giro al azar.

Apoyo la pistola sobre su cabeza y ……un instante antes de apretar el gatillo, su mente se destenso……y encontró la paz, que hacia tanto tiempo que no tenia:

” ..si acierto con la bala, todo mi sufrimiento terminara”

Entonces disparo, oyó un clic y abrió los ojos.

Estaba vivo,……..y lo lamento

                     Maribel

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One response

26 04 2013
Inés Mª Díaz

Muy buenos relatos, me han encantado; enhorabuena a todos, sois el extracto extraordinario del Extramuros. Un abrazo
Inés

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