Inteligencia

8 11 2012
By Francisco J. Barral

Recientemente he encontrado en Internet el siguiente interesante pensamiento, que parece enfrenta razón y naturaleza (como ocurre en no pocas ocasiones entre indígenas y civilización), la imposición de un forma de vida (mejor o peor, pero muchas veces irreal e insoltenible sin un gran esfuerzo) o el disfrute de la que nos encontramos disponible naturalmente como especie (con nuestras ventajas y también nuestras limitaciones):

“Marta me hace la pregunta tontisabia del día: “¿por qué los monos no han desarrollado, después de tantísimos años, nuestras capacidades mentales? La respuesta, como a casi todas las preguntas endiabladamente difíciles de Marta solo puede ser negar la mayor: lo han hecho. Eso es exactamente lo que hicieron nuestros ancestros del mundo de los simios.

Otra cosa bien distinta es determinar por qué no fueron todos nuestros ancestros los que lo hicieron. El desafío es averiguar por qué no todos los primates decidieron tomar la ruta que nos ha llevado hasta este mundo de guerras interminables, hambrunas, calentamiento global y bombas atómicas. ” (http://www.joludi.com/posts/19884542749.html)

Sobre la mayor o menor inteligencia, entendida creo que como: “1. f. Capacidad de entender o comprender. 2. f. Capacidad de resolver problemas.” (según la http://www.rae.es, Real Academia Española), se han debatido y propuesto muchas formas de abordarla y concretarla. Esta capacidad nos proporciona una mejor capacidad de análisis, amplitud de miras, posibilidades de desarrollo y aprovechamiento del entorno, y muchas más ventajas, pero si seguimos limitándonos sólo a nosotros mismos y nuestro propio interés en nuestro avance chocamos con los avances de los demás … todo sea para mejorar y nuestra razón, que no ya inteligencia, quiere quizás ser la única que perdure. Pero en el enfrentamiento con ánimo dispuesto y despiadado no podemos evaluar todo lo que podemos ir perdiendo … la posibilidad se hace más fuerte que la realidad y de esta forma persiguiendo quimeras consentimos en destrozar nuestro entorno, lo que nos sustenta y lo que de alguna manera nos da nuestro ser. ¿Podemos pues considerarnos inteligentes? Y si acaso lo fuéramos, ¿utilizamos verdaderamente esta supuesta capacidad?

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