La escala de los mapas

12 01 2010
La escala de los mapas

La escala de los mapas

Título: La escala de los mapas
Autor: Belén Gopegui

Entrega: 12 de enero de 2010
Devolución: 2 de febrero de 2010

Consulta la guía de lectura que ha elaborado la Biblioteca

Sinopsis: La escala de los mapas es la historia del miedo a ser amado y su metáfora, pero es también una reflexión sobre la diferencia entre las cosas que ocurren en el espacio y aquellas otras que suceden en el tiempo.

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3 responses

28 01 2010
mariajosé zafra

Esta lectura es de las que demuestra lo que aclara y profundiza compartirla con las compañeras del club. Al no ser un relato lineal y sencillo ha dado pie a muchos interrogantes e interpretaciones varias, lo cual ya es un tanto a su favor. Le hemos dado muchas vueltas.
A bote pronto ha parecido que la autora estaba jugando con nosotras. Ya acabada y comentada, he acomodado el paso al de Sergio Prim, el protagonista, intentando no girar a contracorriente de la marejada que tiene en la cabeza y caminar por ese laberinto. Sergio Prim, goeógrafo, es un tipo “raro”, profundamente introvertido pero que se comporta “normal” en su vida exterior. No parece que vaya desaliñado, prepara su cena, tiene sus horarios, y desarrolla un trabajo eficiente un trabajo eficiente en la elaboración de mapas, algo que requiere un gran rigor.

A retazos se nos olvida que está en la consulta de una siquiatra y de como un cierto estado de enajenación le lleva a no entender las escalas del mapa mental de los otros y desde luego que los otros no entiendan la suya ¿ Y si no está en la consulta de nadie? ¿ Y si Brezo, la mujer es solo una suposición, una fantasía para dar vida a su ansia y su miedo para amar? Es posible que su punto de partida sea real porque la base de toda su historia está asentada en bases concretas y cotidianas y a partir de ahí entre en la elucubración

La estrategia narrativa de B. Otegui, sin duda originalísima, a los lectores sencillos nos puede resultar complicada y confusa.
Aparte de esta consideración, utiliza un lenguaje que expresa muy bien lo que quiere decir. La palabra”hueco” no puede ser más que esa para expresar la necesidad de hallar refugio, aislamiento, escape. Sergio lo puede encontrar en sitios que a nosotros nunca se nos ocurríria, como por ejemplo la tela lanosa de un abrigo. El define el hueco “como un estado semejante a cuando nos movemos bajo las mantas y afuera hace frío”. El hueco está a lo largo de la narración, lo necesita.
A lo largo de toda ella nos va mostrando tal cual es, según sus reflexiones y emociones.- “No puedo ilusionarme porque soy un escéptico. En mi república se practica la autarquía del repliegue”

Y una consideración sobre los libros. Dice: Ellos, igual que los mapas y las curvas de nivel, nos permiten establecer una relación distinta entre nosotros y el mundo

Maríajosé Zafra

28 01 2010
Mercedes Orta Gotor

Polémico libro, que ha originado una verdadera batalla dialéctica entre los componentes del Club de Lectura de los Martes. A una gran mayoría de ellos -de ellas; este año somos todas mujeres- le ha resultado la novela pesada y vacía, no les ha aportado nada ni les ha tocado el corazón. Me corresponde, pues, romper una lanza en su favor.

Antes todo, un pequeño resumen del argumento, que haré, intencionadamente, en tiempo presente: Sergio Prim es geógrafo, divorciado y está paranoicamente obsesionado por el espacio-tiempo, a la búsqueda de un hueco en el que esconderse, desaparecer tal vez. Enamorado de Brezo Varela, antigua compañera pero más joven que él, se niega a dar el paso de compromiso que ella desea, por lo que terminará perdiéndola. Su locura lo lleva a la consulta de la psicóloga Maravillas, recomendada por su jefa, que había tenido, en el pasado, una relación, probablemente lésbica, con ella.

Finalmente, Sergio deja su trabajo, recluyéndose en el hotel de un pequeño pueblo conquense. En el último capítulo se produce el desenlace inesperado, halla el hueco y se cierra todo el círculo.

Existen, en la obra, sutiles puntos de humor, mucha poesía, así como impactos de sorpresa. Personalmente, al terminar el primer capítulo, salté, en los intermedios, me esforcé en entender o me relajé con su belleza y, al terminar el último, me reí. Me reí de mí misma, de mi torpeza.

Para proporcionarnos la dosis justa de dificultad, al final del primer capítulo, que aparece como narrado por la psicóloga, la autora da la clave de una de sus originalidades narrativas: unas veces se referirá al protagonista en primera persona y otras en tercera o por su nombre. Así como a su amada en segunda o tercera persona además de sobrenombres que van variando con el desarrollo de la trama. Otras veces, incluso, se dirige osadamente a los propios lectores, ya que Copegui, en realidad, juega con ellos, con nosotros. Se esconde para que la sigamos. Por tanto, hay que estar muy pendiente, con mucha atención, sin dejarse amodorrar al arrullo de su poesía o cansar con los subterfugios de sus explicaciones.

Dificultad añadida en el juego es que el lector, al hallarse permanentemente sumergido en la mente de un chiflado, caiga en la tentación de luchar en dirección equivocada, tratando de descifrar qué corresponde a la realidad y qué a las imaginaciones de una mente enferma. Intentar leer la obra para descifrar qué pasa es un error, ya que el argumento es simple, y, por tanto, cansaría, aburriría. E introducirse en la mente de un perturbado, sintonizando con él, a mi entender, otro error, ya que se corre el peligro, de terminar, asimismo, viendo ciervos en los portales o sintiendo el velado acoso de una actriz misteriosa. Quizá por eso, la autora, ya que “empieza con blancas”, y perdonen el símil ajedrecístico, “da un peón de ventaja” a sus lectores, creando un protagonista poco atractivo físicamente y menos simpático, sobre todo para las mujeres, con su cobardía y su egoísmo disfrazados de amor.

La clave para leer este libro, a mi modo de ver, está en tomar las mismas armas que su autora para disponerse al juego: cautela e inteligencia. Así no se cae en juicios precipitados.

He oído, con mucha decepción, tacharla de intelectualoide y pedante, precisamente a uno de los miembros del club cuyos conocimientos literarios más admiración y respeto me producen. No pueden gustar todos los autores, aunque sean reconocidos por la crítica, pero pienso que no ha leído a ésta con verdadero detenimiento.

A otros miembros les ha producido frustración y agresividad, los que considero, en cambio, sentimientos positivos para la búsqueda de sacar todo el jugo de una obra. Pero parecía, en nuestra reunión semanal, que se quisiera dar el carpetazo, sin comentar más la novela, y dejarla en un mal recuerdo. Una lástima, ya que el libro está lleno de metáforas preciosas, que pueden empachar, es cierto, si se intenta leer tratando solo de llegar al final.

Imperceptible, suavemente, la autora da su visión de los libros, de la sensación en las enfermedades leves, del ímpetu de un amor casi platónico, por lo imaginado, que pierde fuerza en presencia de la amada, de teorías filosóficas o metafísicas, en boca de unos u otros. (No hay que olvidar al personaje secundario, padre de Brezo.)
Los capítulos son cortos. Y al final de cada uno, habría que hacer una pausa, porque para eso están, sin lanzarse a devorar distraídamente el siguiente. El ritmo es lento y repetitivo pero solo en cuanto a conceptos. El alarde admirable de decir lo mismo en toda la gama posible para hacerlo, dentro de una corrección de formas intachable y de la misteriosa niebla que cubre la realidad, me convencen de que esta autora tiene un dominio lingüístico difícilmente superable y, desde luego, que es imposible compararla con otros de los autores ya leídos, puesto que su literatura no se parece a ninguna. Y me parece también que ha dado la medida justa al juego.

Las interpretaciones pueden ser abiertas, pero el final está cerrado. En el último renglón, da el jaque mate. Gopegui, su astucia, nos ha ganado; tengamos buen perder y felicitémosla deportivamente.

Mercedes Orta Gotor

29 01 2010
Pilar Lozano

Es la ultima novela que hemos leído en el Club del Martes. Esta novela ha suscitado muy diversas opiniones entre sus miembros. A varias de las componentes del Club (pocas) les ha gustado mucho, a otras menos, y al resto entre las que me encuentro, casi nada. Es una historia compleja y difícil de entender. Utiliza mucho las metáforas, yo diría que demasiado. La escritora Belén Gopegui trabaja toda la novela con un solo personaje real Sergio Prim, ya que su novia Brezo hay momentos que parece real en el tiempo y otros parece fruto de su imaginación o recuerdos de tiempos pasados.Todos los demás personajes de la novela carecen de importancia, solo son un enlace de la historia. Hay momentos de la novela para mi incomprensibles y me aburren. Soy muy lectora pero no tan culta como requiere la comprensión de esta novela, que algunos críticos la califican de “perfecta”. Yo no llego a tanto. Me gustan las novelas que me atrapen en su historia y disfrutar con su lectura. Esta no lo ha conseguido. Espero resarcirme en la próxima lectura con la novela de Miguel Delibes “Señora de rojo sobre fondo gris”, uno de mis escritores favoritos.
Solo felicitar a mis compañeras Mª José Zafra y Mercedes Orta por el magnífico comentario que han hecho de la novela. Verdaderas profesionales del comentario. FELICIDADES.

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