Viaje literario a Doñana

9 06 2009
Viaje literario a Doñana

Viaje literario a Doñana

Como cierre del curso de lecturas, la Biblioteca Provincial de Huelva suele obsequiar a los integrantes de sus clubes de lectura con un viaje de carácter literario. En años precedentes los destinos elegidos fueron las Casas Museo de Juan Ramón Jiménez en Moguer y Rafael Alberti en el Puerto de Santa María, o la comarca minera de Riotinto como ambientación de la novela “El corazón de la tierra” de Juan Cobos Wilkins.

El pasado sábado 9 de mayo, más de cuarenta integrantes de los tres clubes de lectura que vienen funcionando en la Biblioteca Provincial gozaron de la posibilidad de asistir a un viaje literario que tuvo como escenario el antiguo poblado forestal de Cabezudos, emplazamiento que inspiró al escritor almonteño Juan Villa la imaginaria aldea de El Majadal, en la que se desarrolla buena parte de la acción de su novela “Crónica de las arenas”.

Con ocasión de la lectura de esa novela y tras el multitudinario encuentro con el autor que se produjo en el pasado II Encuentro Provincial de Clubes de Lectura, quedó pendiente una visita a la zona en la que se ambienta la novela, y en la que actuaría como oficiante de lujo el propio Juan Villa. Durante la década de los años 40 y 50 el preparque de Doñana fue el área de actuación de los planes de reforestación de la época franquista impulsados por la institución Patrimonio Forestal del Estado, con los que se alteró radicalmente el paisaje de la zona causando un gran impacto medioambiental con la siembra masiva de eucaliptos.

Durante la visita al poblado, y de la mano de Juan Villa, se leyeron diversos fragmentos seleccionados por el propio autor, que eran como una especie de fotografía perdida en el tiempo de lo que en esos momentos captaba la retina de los viajeros literarios. En esos pasajes de la novela se revivían emplazamientos o edificios concretos como la casa del Ingeniero, la capilla, el poblado de los trabajadores, la cantina, o la casa del cura. Si bien, y como contraste, el lamentable aspecto que presentan en la actualidad, solo podría ser conjurado si prospera el proyecto de reconvertir el poblado en un nuevo enclave destinado para el turismo rural, que ahora con la novela de Juan Villa, contaría con el magnífico aderezo de un aliciente más para el denominado turismo cultural. Además, la cercanía a la aldea de El Rocío, puede convertirlo en un proyecto más que venturoso si se consiguen solventar los trámites administrativos aún pendientes.

Finalmente, y como no podía ser de otra manera, el viaje concluyó con una deliciosa comida de grupo, con la que se favoreció la interacción y las relaciones interpersonales dentro y entre los clubes.

Lectura de diversos pasajes de la novela en el poblado de Cabezudos

Viaje literario al poblado de Cabezudos (Mayo 2009) Viaje literario al poblado de Cabezudos (Mayo 2009) Viaje literario al poblado de Cabezudos (Mayo 2009)


Lectura de fragmentos de la novela y foto de grupo

Viaje literario al poblado de Cabezudos (Mayo 2009) Viaje literario al poblado de Cabezudos (Mayo 2009) Viaje literario al poblado de Cabezudos (Mayo 2009)

 

Lectura de fragmentos de la novela y comida de grupo

Viaje literario Crónica de las Arenas (Mayo 2009) Viaje literario Crónica de las Arenas (Mayo 2009) Viaje literario Crónica de las Arenas (Mayo 2009)

Los medios de comunicación locales se han hecho eco de esta noticia en:

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4 responses

9 06 2009
Biblioteca P. de Huelva

Lo mejor la compañia de Juan y la comida

9 06 2009
margaramirezmontesinos

Coincido contigo

9 06 2009
Isabel Migoya

Me lo perdí, no pudo ser fué una pena. Se por mis compañeras que estuvo muy bien

9 06 2009
Mercedes Orta

Después de leer Crónica de las arenas, lamento doblemente haberme perdido la excursión a El Majadal y conocer a Juan Villa, al que hubiera hecho un montón de comentarios, mayormente positivos. Como soy repajoleramente crítica, le hubiera hecho notar un error informativo: tengo entendido que, en aquella época, la iglesia no ordenaba sacerdote a ningún hombre cuyos padres no estuvieran casados “con velaciones”. Por tanto, don Bernardo, el cura, no podía ser hijo ilegítimo, y mucho menos, estar generalizada esa situación.

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