
Miguel Hernández
Hoy me siento con el alma dolorida
compartiendo la ternura de esa nana,
que es frontera entre penas y alegrías
cual relámpago del alba en tu mañana.
Aunque es fruto de esperanza, al mismo tiempo
una sombra te persigue y te acecha,
mas tus versos se te fueron por el aire
hasta el hijo de tu sangre y tu cosecha.
Te imagino, con la luna en primavera
al arrullo, del cantar de un labrador
bajo almendros de macar florecidos
transformada tu palabra en surtidor.
De poemas, que se clavan como espadas,
reclamando esa paz tan ansiada
para el hijo, que presiente se ha fundido
con la luz que da el amor, a tu alborada.
Tu corazón, Miguel como amapola,
fluyendo en un río de poesías,
a la sombra del laurel o de la higuera
añorando de Ramón, su compañía.
Nunca vi tanto dolor por un amigo
tanta rabia dolorosa, en un quebranto.
es un grito de tu corazón de trigo,
que conmueve hasta las piedras con tu llanto.
No habrá cárcel, que tu corazón encierre,
ni cadenas, para atar tu sentimiento,
ni condenas que silencien tus palabras
¡Serán libres, como fue tu pensamiento!
Charo Torrejón



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