By Francisco J. Barral (recopilación)

<i>”A la mayoría nos pasa que cuando recordamos nuestra infancia nos aborda una extraña nostalgia. Si pudiese volver a ser niño…, nos decimos más de una vez. Y es que cuando se es pequeño el mundo se ve desde una perspectiva diferente, más simple y cómoda. No conocemos las responsabilidades y las obligaciones de la vida adulta, ni tampoco el por qué de muchas cosas. Cubiertos por el manto de la inocencia y lejos de la madurez, somos capaces de adaptar las situaciones a nuestros intereses, de imaginar y creer mundos inexistentes, de actuar sin miedo a nada y hasta de justificar aquello que no entendemos con explicaciones absurdas. Es durante la infancia, pues, cuando tenemos tres de las mejores herramientas para ser felices: la inocencia, la ignorancia y la imaginación.
Es gracias a ellas que el protagonista de Mi planta de naranja lima es capaz de sobrellevar su realidad. Él, Zezé, un niño brasileño de apenas 5 años, es además el narrador de la historia y el puro reflejo del autor de la novela, José Mauro de Vasconcelos, que con ella quiso reflejar parte de esa infancia que tanto le marcó: porque, aunque al parecer la escribió en menos de dos semanas, afirma que llevaba años bullendo en mi interior. Vasconcelosnecesitaba escribir esta novela casi autobiográfica y, al terminar de leerla, uno acaba entendiendo por qué.”</i> (http://www.librosyliteratura.es)
<i>”Zezé un niño de cinco años travieso con una vida dura y llena de golpes, que le harán madurar a la fuerza. Era maltratado por sus padres, sus hermanos, por todos los que le rodeaban, a causa de esas travesuras. A la vez era una niño con una inteligencia excepcional y lleno de sentimientos. Falto de cariño y afecto, su vida era un verdadero horror hasta que encuentra a un hombre que le da todo el cariño y la atención que le faltaba. Como compañero de viaje de toda esta historia tiene a un pequeño arbolito de naranja lima con el que Zezé conversa y se desahoga.”</i> (http://puntodepartida-cd.blogspot.com.es) Leer el resto de esta entrada »



to. Por esto mandó una carta al encargado de la ilustración del libro, en la que le dice lo siguiente: “El insecto mismo no puede ser dibujado. Ni tan sólo puede ser mostrado desde lejos. En caso de que no exista tal intención, mi petición resulta ridícula; mejor. Les estaría muy agradecido por la mediación y el apoyo de mi ruego. Si yo mismo pudiera proponer algún tema para la ilustración, escogería temas como: los padres y el apoderado ante la puerta cerrada, o mejor todavía: los padres y la hermana en la habitación fuertemente iluminada, mientras la puerta hacia el cuarto contiguo se encuentra abierta.”.



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